Agosto emprende vuelo con ruidos, colores ocres en la piel.
La dentadura es un cierre que ejerce algún tipo de dominio sobre la sien.
Ningún obstáculo ha de mermar los silencios. Qué ironía, tú con la camisa raída, tú con llanto en los pies.
Ya nadie quiebra en juegos el desdén.
Es sabido que la sorpresa trae miel,
quizás espanto; cada cual en su que hacer.
A veces, no hay miramientos que ordenen este querer; cada impulso trae mares, no un gran pez.
El padre cree ser hijo, el hijo juega a creer.
La alocada parsimonia de este mundano ser.
Hubiera creído en naranjas, pero, ¿para qué creer?
Todo decía mañana; era mucho el tiempo, yo ansiaba correr...
La dentadura es un cierre que ejerce algún tipo de dominio sobre la sien.
Ningún obstáculo ha de mermar los silencios. Qué ironía, tú con la camisa raída, tú con llanto en los pies.
Ya nadie quiebra en juegos el desdén.
Es sabido que la sorpresa trae miel,
quizás espanto; cada cual en su que hacer.
A veces, no hay miramientos que ordenen este querer; cada impulso trae mares, no un gran pez.
El padre cree ser hijo, el hijo juega a creer.
La alocada parsimonia de este mundano ser.
Hubiera creído en naranjas, pero, ¿para qué creer?
Todo decía mañana; era mucho el tiempo, yo ansiaba correr...
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