septiembre 18, 2007

Un día apareció entre la luminosidad de una galería llena de flores, frutas, y translúcidas ventanas cubiertas de tules blancos. A un costado, sentado en una silla, un hombre de cabellera blanca, tan luminosa como sus atuendos, irradiaba sabiduría, aunque no hablaba, parecía dirigir mis pasos y mi mirada a aquel hombre que según me indicaba era su hijo. Este caminó lentamente y casi con arrogancia, por la habitación, me miró y luego intervino en mi conversación con otras mujeres que había en el lugar, ( recuerdo haber hablado de sabores y colores y fragancias que inundaban el espacio), y sus comentarios provenían de su riqueza en vocabulario y conocimiento de curiosidades que me sorprendían, fué un momento complejo, ya que su postura segura y conocedora lo hacían aparecer petulante, pero sobrevino a esta imagen una dulzura inucitada que terminó en una charla íntima tan cercana que nos impulsó a un dulce beso en los labios y un abrazo conocido por años. En ese instante supe que nos habíamos reencontrado y nuestros pasos serían cercanos. La última imagen que vi, fué, yo, mirándolo y sintiendo que había algo raro en su vestuario, no calzaba con el tipo de hombre que miraría, parecía formal, un tanto ejecutivo y ... en fin, cuando desperté sabía que estaba próxima la oportunidad de conocer a este hombre que se anticipò en mi sueño, y no pasaría mucho tiempo antes de reconocerlo. A los días después lo vi entrar en casa de mi padre, era el mismo, tenía el mismo pelo, me miraba de la misma forma y hablaba usando las mismas palabras, sin duda había venido a mi encuentro, desde ese momento mi piel necesitaba sentirlo cerca, y mis ojos lo buscaban, era sabido por mis manos y sus pasos eran los míos. No renuncio a ese sueño desde que lo vi y le saludé, no renucio a escuchar su voz ni sentir su respiración, por que creo que estaba escrito que teníamos que reencontrarnos,

No hay comentarios.:


e s p a c i o s

Aquí donde se ve y no se ve todo, donde las palabras abundan y los sonidos son escasos, aquí estan mis latidos más internos y los más cotidianos, publicados sin saber el destino, pretendiendo que mi historia quede en el ciber espacio, deshabitado y poblado de sueños al mismo tiempo, como lo que somos, nada y todo.