Me pierdo de ti
de tus manos de tus pies
dejo la orilla escondida para poder seguir
Me pierdo de sentir los miedos
me pierdo en cada ocaso
como enloquecida
busco caminos que me distraigan
que refieran los pies el tormento
Cuando me pierdo no arranco los carteles del dintel de la puerta
"vuelvo enseguida.
Me pierdo encamisado y desnudo el torso que transita los pastos de mi casa.
Me pierdo el acento que ponen tus manos en la comida
Me pierdo historias que sitúan viejos tiempos de un pueblo que radica en tus memorias.
Cuando escondo mi nombre y descubro que no puedo gobernar la ausencia
me pierdo de mí
de los misterios que establecen nuestros intentos de comunicarnos
Escudo en mi pecho la angustia de no sentirte
lágrimas aceptan mis palabras cuando me pierdo y no encuentro la salida
o el encuentro de mi centro
Ando revoloteando en un intento por sentirme libre
libertad que me pesa y me apresa
Me pierdo de tus ojos y no veo otro universo que no sea el de no reírte
me pierdo de los dedos sutiles que incursionan en la espalda
del oído gustoso de la música en la noches
de la imagen de saber que no somos más que dos que están solos
somos entonces soledades que se buscan
Hoy, cuando no hay ni miradas ni palabras ni caricias ni alimento que nos una
me pierdo de la asfixiante temperatura de las calles
mi claustro es el escondite perfecto para no sentirte tan lejos.
me pierdo así de pensarte y piénsome cuando te vea en algún lugar
o sienta de algún modo la voz que me invade
que estampa dulzor cuando no te escucho
y entonces, agazapada en entre las sábanas
me entrego a la posibilidad de encontrarme.
de tus manos de tus pies
dejo la orilla escondida para poder seguir
Me pierdo de sentir los miedos
me pierdo en cada ocaso
como enloquecida
busco caminos que me distraigan
que refieran los pies el tormento
Cuando me pierdo no arranco los carteles del dintel de la puerta
"vuelvo enseguida.
Me pierdo encamisado y desnudo el torso que transita los pastos de mi casa.
Me pierdo el acento que ponen tus manos en la comida
Me pierdo historias que sitúan viejos tiempos de un pueblo que radica en tus memorias.
Cuando escondo mi nombre y descubro que no puedo gobernar la ausencia
me pierdo de mí
de los misterios que establecen nuestros intentos de comunicarnos
Escudo en mi pecho la angustia de no sentirte
lágrimas aceptan mis palabras cuando me pierdo y no encuentro la salida
o el encuentro de mi centro
Ando revoloteando en un intento por sentirme libre
libertad que me pesa y me apresa
Me pierdo de tus ojos y no veo otro universo que no sea el de no reírte
me pierdo de los dedos sutiles que incursionan en la espalda
del oído gustoso de la música en la noches
de la imagen de saber que no somos más que dos que están solos
somos entonces soledades que se buscan
Hoy, cuando no hay ni miradas ni palabras ni caricias ni alimento que nos una
me pierdo de la asfixiante temperatura de las calles
mi claustro es el escondite perfecto para no sentirte tan lejos.
me pierdo así de pensarte y piénsome cuando te vea en algún lugar
o sienta de algún modo la voz que me invade
que estampa dulzor cuando no te escucho
y entonces, agazapada en entre las sábanas
me entrego a la posibilidad de encontrarme.
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