Como un árbol enraizado y seco encuéntrome en la plaza de un pueblo envejecido.
extiendo mis ramajes enmarañados y tercos que no saben de ondular en el viento.
Ya no hay hojas cual cabellera mezan sus pensamientos al torbellino impulso de las voces y los aires primaverales.
Los pájaros se posan, pero esta vez eligen el piso más seguro y cautivante.
Guardo quejidos que oscurecen el tránsito de los nombres que me habitan
Soy una destreza torpe y casi sin vida en este arrabal de circunstancias.
Que será de la raíz cuando nos falta el agua
Allí temprana y con rocío de madrugada gota a gota dirá de una búsqueda constante
Soy la prisionera que no tiene cárcel ni carcelero
Tejo verdades dolorosas aunque no es mi elección, me dejo seducir por tus estruendos.
Cada parte de mi sin talar es una invitación a florecer en este nuevo tiempo, más
un miedo se ha apoderado de mí tronco matriz y no reconozco mis nidos.
Plantado y quedo un suspiro se deja deslizar por los brazos que no abrazan más bien liberan
una soledad un día, un dulzor otro, un misterio, una tristeza.
Mi rostro es de un niño que trepa sin miramiento en el sostenido encuentro de los dedos.
La estructura caprichosa y expectante me contiene en un largo reconocimiento de los cielos
Estoy por encima más me siento disminuída en lo concreto.
Cada infinito es un nuevo firmamento que deshabita y me puebla al mismo tiempo
Hasta hace un rato hablaba de ver los ojos del amado
sin embargo he mirado una distancia
un muro alto que no alcanza mi ramaje por más que se empinen en llegar a tus alturas,
se ha levantado, y el gigante egoísta ha corrido los niños de su follaje.
No puedo correr ni caminar, con dificultad me dejo mecer por los vientos
Soy una estructura silenciosa y calma que se presta al sol para entibiarse.
yo que hablaba de amor y de amarse, me encuentro sin parajes
me encuentro en la mitad de una plaza de pueblo olvidada
cobijando ansiedades y desnudando la incapacidad de ser guarida, cuna, matriz, cobijo y ropaje.
extiendo mis ramajes enmarañados y tercos que no saben de ondular en el viento.
Ya no hay hojas cual cabellera mezan sus pensamientos al torbellino impulso de las voces y los aires primaverales.
Los pájaros se posan, pero esta vez eligen el piso más seguro y cautivante.
Guardo quejidos que oscurecen el tránsito de los nombres que me habitan
Soy una destreza torpe y casi sin vida en este arrabal de circunstancias.
Que será de la raíz cuando nos falta el agua
Allí temprana y con rocío de madrugada gota a gota dirá de una búsqueda constante
Soy la prisionera que no tiene cárcel ni carcelero
Tejo verdades dolorosas aunque no es mi elección, me dejo seducir por tus estruendos.
Cada parte de mi sin talar es una invitación a florecer en este nuevo tiempo, más
un miedo se ha apoderado de mí tronco matriz y no reconozco mis nidos.
Plantado y quedo un suspiro se deja deslizar por los brazos que no abrazan más bien liberan
una soledad un día, un dulzor otro, un misterio, una tristeza.
Mi rostro es de un niño que trepa sin miramiento en el sostenido encuentro de los dedos.
La estructura caprichosa y expectante me contiene en un largo reconocimiento de los cielos
Estoy por encima más me siento disminuída en lo concreto.
Cada infinito es un nuevo firmamento que deshabita y me puebla al mismo tiempo
Hasta hace un rato hablaba de ver los ojos del amado
sin embargo he mirado una distancia
un muro alto que no alcanza mi ramaje por más que se empinen en llegar a tus alturas,
se ha levantado, y el gigante egoísta ha corrido los niños de su follaje.
No puedo correr ni caminar, con dificultad me dejo mecer por los vientos
Soy una estructura silenciosa y calma que se presta al sol para entibiarse.
yo que hablaba de amor y de amarse, me encuentro sin parajes
me encuentro en la mitad de una plaza de pueblo olvidada
cobijando ansiedades y desnudando la incapacidad de ser guarida, cuna, matriz, cobijo y ropaje.
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