Llevo años acumulando pequeños cuadernos que guardan escritos; pequeños tesoros verbales que dicen desde mí, cuando enmudece mi voz.
Hay tiempos en que evidencian los pasos o las detenciones, esos parentesisi, en que el miedo nos oscurece el pensamiento, en que no encontramos respuestas a los aprietos personales; esos tiempos en que todo parece vivir a tu alrededor, más tu corazón palpitante sí lo indica, un compás arrollador, constante, que a ratos ni siquiera es evidente, parece perderse en la extraordinaria belleza de las copas de los árboles que saludan todas las mañanas. ¡ Que envidiable libertar esta de alzarse al cielo in crescendo verdores, variados racimos, espesura; invitación a trepar a tu follaje!... ¡Que envidia ver al cuervo allá, el lo alto del pino o del eucaliptus, posarse y observar y mecerse como dejándose llevar por la brisa, sin vértigo, sin miedo, sereno, majestuoso, conocedor de sí, de la vastedad y la libertad... ¡Que envidiable seguridad esta de vivir sin los tiempos establecidos en que sólo el Ser es suficiente.
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