Si escribo es por no perder la costumbre, al menos eso siento hoy.
Ayer observaba la lentitud de las horas que se depositaban a través del sol en las plantas del jardín. Las horas pasaban sin equipaje, se iban sin haberse anunciado si quiera,
Todo parecía igual, la misma quietud, la misma lejanía, la misma distancia, sin embargo, una de las plantas tenía tres botones abriendo en flor, las matas de choclo ya suman doce frutos y aunque las horas seguian su curso normal, el tiempo se llenaba de contenido.
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