M i r a A r m a m e
Pobre de ti, pobre de mí,
descubiertos ante la divina imégen,
Inevitable necesitar las caricias
que brotan caudalosamente y son volcán y laba ardiente.
(Ya mis dedos saben el recorrido de tus caricias; es que han aprendido los quejidos que brotan con cada desplazamiento)
De algún modo descubren nuevos planos, texturas y reocorridos, que llegan al mismo encuentro misericordioso y delirante.
Asciendo y desciendo y es vértigo, majestuoso dulzor,
embriaguez, espesura palpitante que aborda los sentidos, Estruendo.
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