noviembre 11, 2007

La muerte entra inundando todas la células del cuerpo, con ojos desgastados por el llanto la observo tratando de poner en ella todo mi respeto, pero es voraz, atrapa el aire, desgasta las zandalias, malogra el día, y aturde los sentidos. La llevo dentro en forma de pez o ave o ángel alado que detuvo el vuelo, ya no camina ni late, es tiempo detenido, nervioso y solo, desesperadamente solo, no tiene color, y ya no es dulce como fué la de mi padre, es dolorosa y creciente, aterradoramente silenciosa y aniquilante. En solitario se ha encargado de aplastarme con su frío intenso, ha enmudecido mi voz y aquietado mi paso. Duerme conmigo y abraza mi cuerpo, y se levanta pegada a piel y a mis pupilas, es despiadada. A ratos me despojo de ella y hago equilibrio con su descuido, pero es inevitable notar su presencia. Mañana iré camino a extirparla, mañana dejaré de saludarla cada despertar, mañana no estará conmigo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

FUERZA MAESTRA.


e s p a c i o s

Aquí donde se ve y no se ve todo, donde las palabras abundan y los sonidos son escasos, aquí estan mis latidos más internos y los más cotidianos, publicados sin saber el destino, pretendiendo que mi historia quede en el ciber espacio, deshabitado y poblado de sueños al mismo tiempo, como lo que somos, nada y todo.