LUNA, esa que miramos desde la ventana que sostuvos los cuerpos en el encuentro nocturno, la misma luna que nos ilumina cuando nos alejamos, que trae dulces miradas y cómplices palabras.
Cuando dijiste luna, entró en mi casa la sombra de una lejanía que comenzó a destruir esa certeza de conocer quién eras, esa sombra tardía llenó el ambiente de desesperanza y tristeza, como las tristezas que pesan y se cargan como mochilas trayendo dentro el peso de toda una historia. ¿Cómo se arranca esta mancha y se calma la duda?- ¿Cómo se vuelve al encuentro confiando en el que fuiste y que se diluye cada vez que encuentra un obstáculo?- ¿Cómo se empieza a desmoronar la tristeza que lo embarga todo, desde los ojos hasta el paso?- Quiero ver de nuevo tus ojos luminosos, curiosos, vivos. Dime donde los encuentro, dime donde los encuentro-
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